Holas gente, estos días estoy bastante ocupada como veís. Muchas cosas de por medio, pero aún así me las he apañado para hacer el relato. Tengo que decir que con las prisas creo que no me ha quedado muy bien pero bueno.
Sólo comentaros una cosa...
Este relato no es feliz ni cómico por asomo, así que a las personas que no les gusten los relatos fuera de esa gama no les aconsejo leer este relato... :S ¡Ah!, y una última cosa, "él" lo pongo así para evitar su nombre. Por si algún día en un futuro no muy lejano, publico un cómic sobre su historia y evitar referencias que puedan prohibirme por si acaso.
Sin más dilación, os dejo con el relato.
Desfilaba por la sala desierta, con gran resolución. La resolución de haber cumplido su defectuoso deber de la justicia tiznada de sangre y muertes. La sala revelaba la masacre que había llevado a cabo en esa sala, pero mayor era la masacre que se estaba haciendo afuera.
Ella, Direxetta, ideadora de la desgracia del imperio, infectando a sus compañeros bióticos con un virús anulando su voluntad. Nunca había imaginado que su complot le proporcionaría tanta sangre y felicidad. Su lógica distorsionada le decía que eso era por el bien de la rebelión. Pero cualquiera que mirara en las pantallas del panel de control diría que es un atentado terrorista en toda regla.
Se sentó en un sillón enfrente del panel de control, cruzó los dedos y se dispuso a esperar a su invitado. El único biótico que no había infectado.
Y llegó.
Él todavía estaba ataviado con la indumentaria de trabajar en el espacio exterior, con la cara compungida y horrorizada. Nunca se le había dado bien a él ocultar sus emociones residuales en los entrenamientos de Direxetta.
Direxetta se levantó en un ademán de invitación a entrar al invitado, pero le mostraba su cara como si a la vez no quisiera que entrara. Él no se movió.
―Direxetta...no, ¿por qué?...no...¡¡no,no,no,NO!! Eres la más madura de todos nosotros, ¡¿qué diablos te ha pasado?! ¡¿En nombre de que ser has podido hacer esto?!
― La rebelión...el imperio... Toda nuestra vida gira alrededor de eso...Toda mi vida he servido a la rebelión, ahora les ayudo a mi manera. Con mi mensaje de muerte y dolor el Imperio sabrá que no tiene que jugar con nuestras vidas y convertirnos en títeres de carne y metal. Si eso soy...la mensajera de la muerte... ― reía para si misma Direxetta con estas palabras.
― ¡Son civiles, Direxetta, civiles! ¿Qué tiene que ver esto con el imperio y la guerra con la rebelión?, ¡sólo estas matando civiles!
― ¿ Sólo civiles? Son escoria que se doblegan al imperio por unas migajas, son perros para ser ejecutados y que sirvan de ejemplo para que todos ellos nos teman y entiendan que deben luchar contra el imperio...Solo...SON...ESCORIA...
― Tú no eres nadie para decidir si deben morir o no, ¡todos tienen derecho a vivir!
― Y también derecho a morir, derecho que se nos fué quitado a nosotros...
Él enmudeció por unos instantes hasta que reunió sus ideas y las encajó en ese malvado puzzle de sucesos sin control.
―...No eres mejor que ellos, nos has robado lo poco de dignidad humana que nos quedaba... Te has convertido en tu enemigo, Direxetta...― Le temblaba la voz a él― ...Yo creía en ti, Direxetta...creía...en ti...En tu ideal de que aún podiamos ayudar a proteger a la gente aunque estuvieramos atados en cuerpo al imperio...― se quedó con la respiración entrecortada pero se antepuso a sus emociones que parecían desbordarse de él― ... Pero parece que eso ya no es así,y sólo soy el único que puede pararte ahora mismo. Supongo que en tú despotismo contra el imperio me dejaste fuera de tu plan, entenderé eso como que pretendes que intente detenerte... ¡Aún tiene que quedar algo de misericordia y cordura en tí, por dios, para esta locura y vuelve en ti!
Una oleada caotica de sentimientos paradójicos e irracionales recorrió la mente de Direxetta. Que lo salvara. Que lo apoyase. Matarlo. Suicidarse. Risas. Llorar. Rabia. Melancolía. Hasta que su podrida lógica se volvió a imponer en su cuerpo.
Direxetta por fin levantó la vista y lo miró fijamente, él estaba estremeciendose de todo lo que estaba pasando. Pero ella sabía que no había vuelta atrás, no en ese estado mental.
― Únete a mí, y lucha conmigo contra el imperio. Ese fue el motivo de por qué te deje libre, para que elegirias tu destino por una vez.
Él agachó la cabeza, sopesó sus palabras...
Y finalmente, eligió su destino.
― No te seguiré, Direxetta. Aquí se separan nuestros caminos. ― levantó la cabeza para que ella viera como pronunciaba estas palabras― Yo elijo la vida.
― Has elegido tu destino, ahora, acepta las consecuencias.
Direxetta se lanzó a él con una velocidad inhumana para asestarle un golpe mortal. Él, desde su respuesta, sabía que Direxetta le iba a atacar y estaba esperando su golpe y lo esquivó. Los siguientes minutos fueron una sucesión de golpes y bloqueos tan rápidos que sólo se veían las estelas de los golpes. Ella poseía la técnica y la experiencia, él la fuerza y la agilidad de alguién más joven.
Poco después, empezaron a realizar ataques más serios. Él dispuso su mano para disparar por ella su cañón de plasma integrado. A Direxetta le sorprendió que él fuera tan en serio, y evito el ataque separándose de él con cierta facilidad. Aunque su tormentoso pelo no lo esquivó tan bien y parte desapareció de la existencia.
Direxetta reaccionó y encendió sus propulsores, esquivando los disparos de él y aumentando su velocidad. Finalmente, había ganado tanta velocidad que entre disparo y disparo consiguió alcanzarlo a él y lo tiró. Direxetta empezó a estrangularle a él, ella también poseía un cañón propio pero lo único que deseaba en ese momento era matarlo, pero con sus propias manos.
Un forcejeo que parecía interminable, el empezó a moverse pero no se le quitaba Direxetta de encima. Direxetta iba lograndolo estrangular anulando sus comunicaciones nerviosas, hasta que, de improviso, él reúne las pocas fuerzas que le quedan y le arranca un cable en la base de la nuca de Direxetta.
Direxetta dejó de moverse, él la empujó e hizo que cayera bocarriba. Se quedó mirando al aire, desparramada en el suelo y dijo:
― Finalmente, por primera y última vez me has ganado en un combate, te mereces mi respeto, perro del imperio.
En el rostro de él, empezaron a aflorar las lagrimas y su voz perdía volumen en casi un llanto pero llego a hablar.
― ¿De verdad...de verdad hacen faltan tantas muertes para que haya paz?
― Pobre estúpido, siempre ha habido muertes y siempre las habrá, ¿ NO TE DAS CUENTA?, ¡puede que me hayas vencido a mi, pero siempre habra alguién que luche para avivar esta guerra como mensajero de la muerte tal como lo hice yo! La única opción de paz para todos ES LA MUERTE... ja...jaja...JAJAJAJAJAJA, ¡¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!!...
Y él le disparó a la cabeza a Direxetta.
Ah a las que me trajeron regalitos, gracias. Para este finde intentare escribir una entrada con ellos :3
Byeeeee



